Ciudad Bella Flor. Octubre

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Te contamos lo que ha pasado y lo que viene en la Fundación. En esta edición de Ciudad Bella Flor hablamos del miedo.

NIÑOS

| Duendes, brujas y Satanás; fantasmas, sangre, ceniza. |

Octubre tiene un espíritu de terror, de espanto. Los disfraces, los adornos y todo en la calle nos recuerda al miedo, pero a la vez nos invita a reconocer el miedo en nosotros y burlarnos de nuestras fobias y temores. A continuación presentamos algunos fragmentos de cuentos breves escritos por los niños de la Fundación Bella Flor y publicados en el libro Letras del Sur.

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Los duendes come-humanos
página 20

Ilustración: Luisa Uribe

En la loma del barrio Paraiso desde hace años se aparecen duendes que por las noches de lluvias comen humanos y animales. Lo más misterioso es que aparecen por las mañanas cenizas, ropa sucia, rota y quemada. Siempre que voy allá me pregunto: “¿Será que los duendes existen?”. “Pues sí…”, me dicen algunos amigos, “pues cada vez que vamos siempre aparecen cenizas y huesos de animales”.

Andrés Carreño.


El misterio del lago sin fondo
página 50


Ilustración: Cristian Vargas

Ellos le dijeron que no se volviera a tirar, pero él no les hizo caso. Dijo: “¡El último clavado y no más!”. Pepé no quería creerles, así que salió, se subió a la piedra grande y se tiró de clavado al lago. Fue el mejor clavado de su vida, y fue también el último que hizo porque nadie sabía su destino. Pepé se tiró al agua y no pudo salir de allí. Sus amigos preocupados le gritaron y lo llamaron otra vez, pero él no salió. Los amigos se fueron tristes a sus casas. La gente dice que en las tardes, por ahí a las 6:00, el espíritu de aquel joven sale a merodear…

Jorge Buitrago.

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La bruja de la laguna (Parte 1)
página 78


Ilustración: Luisa Uribe
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Cuenta la gente de la montaña que en una laguna una bruja se aparecía y se llevaba a los niños que se bañaban allí. Los chupaba y luego los convertía en hechiceros y sirvientes de Satanás. Todos esos niños se aparecían a las 12 de la noche y todos los carros que pasaban se desvanecían. La gente se preguntaba quién podía ser. Cuentan que la bruja cocinaba a  los niños y se los comía. Un día su esposo decidió esconderse para ver qué iba a hacer la gente, entonces escuchó, le contó a la bruja y ella ese día no fue a la laguna. Sin embargo, al día siguiente se comió a las otras brujas para que no le quitaran su comida y su poder, se comió también al esposo porque ya estaba cansada de él y acabó con todo los del pueblo. Unos dicen que se volvió loca, otros dicen que se fue para otro pueblo.

Juan Gabriel Cabrera.

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Una más de terror…
página 82


Ilustración: Luisa Uribe
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En Ciudad Bolívar, en el barrio Bella Flor, sector la Torre, en el año 2006, una familia procedente de Boyacá, desplazados por la violencia, empiezan una nueva vida, pero desde el principio los vecinos reciben a esta familia con irrespeto por sus extrañas costumbres.

Esta familia creía en brujas y practicaba la hechicería. En las noches se oían extraños rezos de invocación deseando mala suerte para sus vecinos. A la gente que vivía alrededor le pasaban cosas extrañas. Algunos aparecían con ceniza en la casa, otros como se les chuparan la sangre. Las personas se sentían muy asustadas, porque en las noches se veían brujas.

Jhanier Cabrera.

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Letras del Sur es una de las experiencias de éxito más importantes de Fundación Bella Flor. Es un libro publicado en 2009 con textos de 14 niños que, acompañados por la fundación, exploraron la literatura como elemento. Uno de los escritores invitados, Daniel Samper Ospina, escribió en Letras del Sur sobre los poderes curativos de la literatura y la sinceridad y fuerza de nuestros pequeños escritores: “Después, sin embargo, comprendí que no: que uno debe escribir para soportarse a uno mismo; para alinear su coro de fantasmas, y darles voz y sacarlos afuera”.

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VOLUNTARIOS

| Conocer la Fábrica de Éxitos. |

El pasado 29 de septiembre la Fundación Bella Flor realizó una visita guiada a la Fábrica de Éxitos. Allí pudimos conocer nuevos amigos de la fundación interesados en visitar nuestro proyecto y contamos con la presencia de nuestros amigos de Amicorp.

Niños y voluntarios les mostraron el barrio, la fundación, tuvieron la posibilidad de ver Stomp y de pasar una mañana de sábado en el barrio Bella Flor. “Estaba muy asustado al principio, era un barrio que no conocía y del que no siempre se habla bien. Pero he pasado una mañana maravillosa con los niños de Bella Flor. Al pasar tiempo con ellos, es como si desaparecieran todas las prevenciones que tienes con Ciudad Bolívar”, dijo uno de los visitantes.

Fotografías: Cortesía de Karla Rodríguez
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DONANTES

| ¿Quién dijo que un colombiano nunca se vara? |

Los Parces X Colombia son tres parces que han recorrido 10.000 millas para ayudar a que los niños de la Fundación Bella Flor en Ciudad Bolívar se conviertan en líderes generadores de cambio para su comunidad. Este es un fragmento del viaje de tres amigos que perdieron el miedo a lo desconocido y se lanzaron a la aventura.



“Experiencia es el nombre que damos a los errores”.
Oscar Wilde

Eran ya las cinco de la tarde. Llevábamos más de diez horas cacharriando. Alex iba y venía de un lado para otro buscando herramientas, piezas, ideas, lo que fuera que reavivara a un “Chochito” agonizante después de más de 16.000 kilómetros de recorrido. Tuvimos suerte. Atascados en la frontera entre Rusia y Mongolia, lejos del taller más cercano, por no hablar de un almacén de repuestos, encontramos más de lo que estábamos buscando: solidaridad, ingenio y optimismo. Encontramos gente que estaba dispuesta a ayudarnos con lo poco que tenían, haciendo adaptaciones, reconstruyendo piezas dañadas, modificando las que por el uso y el abuso ya no podían cumplir su función.

Yo, que no entiendo mucho de mecánica (nada, diría Julián), me quedé admirado al ver como todos los que estábamos ahí trabajábamos como un solo organismo: desde los que discutían sobre si los Fiat eran buenos o no, hasta el que limpiaba las cabezas de las bujías con un cepillo de dientes y una lima de uñas; desde el que se metía por debajo del carro buscando filtro que a todas luces nunca existió hasta la que haciendo preguntas que al principio le parecieron molestas a más de uno terminó por descubrir que los cables de alta estaban mal conectados. No podía faltar, por supuesto, el que sostenía una linterna en una mano y una cerveza en la otra, haciéndose a un ladito para que nadie se diera cuenta de que había sido él quien había cambiado los cables de lugar. Ya se imaginarán quién era ese último.

Julián, evidentemente cansado, sacó la cabeza de debajo del capó y miró al cielo como quien espera una respuesta o, quizá sólo pide un poco más de paciencia. Me buscó con la mirada y extendió la mano hacia la lata que yo sostenía como escudo. Bebió un sorbo largo que pareció darle fuerzas y con una sonrisa renovada me dijo: “venga mano le muestro”. Aprendí sobre los tiempos de un motor de combustión interna, sobre la labor del distribuidor, de las bujías y otras cosas que pronto olvidé.



Conectamos los cables en su lugar y seguimos trabajando (ese no era el mayor de nuestros problemas). Todos teníamos un papel en esa historia y todos compartíamos una misma meta: llegar a Ulán Bator. Cada quien aportaba lo que sabía y lo que no. Nos reíamos, nos enfadábamos, gritábamos de frustración o de alegría cada vez que el motor hacía un ruido. Y lo hacíamos todos juntos. Sin imaginarlo, estábamos aprendiendo a colaborar, a aprovechar nuestras diferencias, a plantearnos un objetivo y trabajar juntos para alcanzarlo, algo que Alex llevaba días tratado de explicar en su jerga de emprendedor cuando hablaba de su trabajo.

Más adelante, con “el Cochito” todavía convaleciente, tuve tiempo de pensar en lo que habíamos logrado. Avanzando hacia el horizonte enrojecido me di cuenta de la importancia de lo que los niños de Bella Flor tenían la suerte de aprender todos los días en la fundación. Formar líderes no significa sacar unos cuantos privilegiados para que creyendo saberlo todo impongan su parecer sobre los otros, repartiendo órdenes y gritos a diestra y siniestra. Un líder sabe que nadie nunca logra nada solo. Un líder trabaja en equipo, pone ante todo las necesidades y las metas del grupo, aprende de los demás y no teme compartir lo que sabe. Y otra cosa, no menos importante, un líder sabe reconocer sus propias limitaciones y, al mismo tiempo, las capacidades de otros para liderar.

El carro siguió fallando y ya nunca volvió a ser el  mismo. En el camino encontramos gente que nos ayudó a apañar lo que se podía y a seguir avanzando con lo que no. Tuvimos la oportunidad de ayudar a otros equipos y de encontrarlos más adelante en la meta, felices como nosotros de haberlo logrado. Al final, cada uno de nosotros hizo lo mejor que pudo en lo que mejor sabía, conducción temeraria, traducción, mecánica, no importa lo que fuera, el esfuerzo de uno se sumaba necesariamente al de los otros y fue eso lo que nos ayudo a llegar. Si el esfuerzo se multiplica, si lo que pasó en Mongolia y está pasando todos los días en Bella Flor, Paraíso, Mirador y en Quiba se expande por toda la ciudad y por todo el país, no puedo sino pensar con optimismo en un futuro mejor para Colombia.

Fotografías: Cortesía del equipo Parces X Colombia

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COMUNIDAD

| En Ciudad Bella Flor creemos que la historia se escribe todos los días. También creemos que la historia la hacemos todos. Por eso hemos creado este espacio que busca dar visibilidad a la voz y a la memoria de la comunidad. |

Ciudad Bella Flor entrevistó a una mamá del barrio que nos contó historias de brujas y de espantos.



Créditos de imágenes:
Good designed by Jim Lears from The Noun Project
Evil designed by Jim Lears from The Noun Project
Horseshoe from The Noun Project
Milk from The Noun Project
Drunk designed by Luis Prado from The Noun Project
Onion designed by Jakob Vogel from The Noun Project

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