Entorno
Este asentamiento tiene su origen en 1985 y está ubicado sobre los terrenos de una cantera propiedad de la familia de Don Víctor Cangrejo, quienes actuaron demasiado tarde para recuperar su propiedad privada, pues los invasores eran demasiados y con muchos niños. Muchos enfrentamientos se dieron con los dueños y la policía, los niños eran usados como escudos humanos mientras los adultos negociaban sin llegar a ningún acuerdo, y con el paso del tiempo la población aumentó y se fue normalizando el barrio, aunque no tiene aún el estatus de legal.

Inicialmente, dos urbanizadores piratas le dieron el nombre de Lomalinda a este terreno situado en la carretera que conduce a la vereda de Quiba de la Localidad de Ciudad Bolívar, la cual ha sido últimamente el teatro de los asentamientos subnormales en Bogotá, y por ende es el lugar donde se encuentran albergados los habitantes de menos recursos de la ciudad.

Este sitio era el ideal para tener un terreno propio a bajo precio, pues ya no se tendría que pagar arriendo, y para pasar desapercibidos por las autoridades distritales, quienes en otro lado de la ciudad les impedirían una invasión del terreno. Como aparentemente el nombre no era lo suficientemente atractivo para vender los lotes, éste fue cambiado por el de Bella Vista para volver a promocionar la venta de los terrenos. En esa época el barrio no contaba con servicios públicos, ni vías de acceso, ni siquiera con un pequeño comercio que vendiera lo básico. Las casas eran cuatro palos rodeados de una tela asfáltica y un techo de zinc en el mejor de los casos, el agua se traía en burro y las necesidades corporales se hacían por ahí entre los matorrales.

Un hombre que vendía lotes, Efraín Giraldo, hablaba de que pronto llevaría luz y agua al barrio y que abriría las calles. La gente sabía que no era así de fácil pero de todas formas era su única esperanza y por lo tanto lo escuchaban. A partir de diciembre de 1985, el señor José Omar Chacón tuvo la idea de organizar un comité cívico con la finalidad de que los habitantes participaran en obras importantes para el mejoramiento del barrio y se construyó un tanque recolector de agua proveniente de Quiba.

Otras obras importantes fueron la demarcación de las rutas de acceso al barrio y gestiones ante la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá –EAAB- y la Policía Nacional para que les proporcionaran agua potable en carrotanques. Antes sólo llegaban hasta los barrios Lucero y Estrella (200 ó 300 metros menos de altura) de donde se traían en burro hasta Bella Vista. Luego apareció un nuevo personaje llamada la Doctora Flor Alba (Concejal de Bogotá) que propuso un nuevo nombre al barrio, el de Bella Flor que fue adoptado por los habitantes, y aunque otras propuestas han aparecido desde aquel momento, Bella Flor sigue siendo su nombre.

Alrededor de 1992 comenzaron a llegar carrotanques de agua hasta el barrio Paraíso, es decir cada vez más cerca, y desde allí se transportaba en burro hasta Bella Flor. En 1997, carrotanques de la policía subieron agua al sector de la Torre, la parte más alejada de Bella Flor es decir la frontera con la zona rural de Quiba. Un año después, en 1998, llegaron los carrotanques de la EAAB a Bella Flor. En todos estos años, cada hogar tenía derecho a una caneca de agua y se presentaban a veces peleas para conseguir el preciado líquido. En el año 2000, cada hogar tuvo el derecho a dos canecas de agua, una comprada a la EAAB y otra regalada por la Policía Nacional. En cuanto al servicio de energía siempre fue de manera fraudulenta, pero les llegaba un recibo de cobro a sus casas. Las mujeres lavaban la ropa en las quebradas de Quiba situada por lo menos a 100 metros más de altura, es decir que era un considerable esfuerzo físico para llevar y traer la ropa. Estos “viajes” hacia las quebradas se empezaron a hacer en grandes grupos, pues se presentaron muchos casos de violaciones y robos.

A finales del año 2000, es decir 15 años después de su origen, el barrio fue conectado a los servicios de acueducto, alcantarillado y energía, aunque el presupuesto para el alcantarillado no alcanzó para cubrir el 100% de la población. En cuanto a teléfonos, en este momento existen dos públicos en todo el barrio. Si bien esto puede verse como un beneficio para la comunidad pues contarán con el mismo servicio con el que cuenta los demás ciudadanos, no se ha resuelto la forma para que estos hogares puedan cumplir con sus pagos mensuales, pues la situación laboral y económica es deplorable en general.

Adicionalmente a los trabajos realizados por las tres Juntas de Acción Comunal, existen otros grupos externos al barrio que vienen trabajando con la comunidad, tal como la Pastoral Social a través de la cual me pude acercar al barrio, la escuela del Padre Garavito, la Fundación Leudes, la Fundación Bella Flor, otras Iglesias Evangélicas y Cristianas, Programas de madres comunitarias del Instituto Colombiano del Bienestar Familiar -ICBF-, y seguramente que me quedan algunas por identificar, pues he sabido de muchos grupos de trabajo.

En el barrio no hay presencia de atención médica, ni de seguridad, ni escuela distrital, existen labores culturales y religiosas pero que cada uno de estos grupos va realizando sus actividades en total desarticulación. La estrategia clara de la población es la de asistir a todas las reuniones posibles para tratar de obtener los máximos beneficios posibles de todas estas organizaciones, y obviamente es la de no dar a conocer en cuál otro grupo participa por miedo a perder los beneficios de alguno.

 
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